viernes, 16 de agosto de 2013

Despertando la curiosidad de volar;

Como su nombre lo dice, este blog no puede tratar de otra cosa distinta a la danza del ballet, de por qué para algunos es pasión y para otros un gran método para aburrirse, del rumor mundial acerca de los hombres que lo bailan, o ¿tendría que decir los 'hombres'?, de por qué a pesar de ser algo estéticamente hermoso, por dentro está lleno de dolor, sangre, privaciones y atrofios, pero como todo es más armonioso cuando se cuenta por historias, pues empecemos contando esta, la de todos los que alguna vez hemos entrado a por lo menos una clase de ballet. Por la forma en que le escribo, no vayan a pensar que lo odio, por el contrario, es el amor de mi vida<3 


Por lo general las niñas, refiriéndome a esas pequeñitas de escasos 3 a 8 años, se imaginan que nadie puede tener los pies más hermosos que una bailarina y empiezan a despertar cierta curiosidad por iniciarse en el ballet, o bueno así lo llamaría en este caso, (porque es una temprana edad para decir que despierta el amor, sobre todo el amor por el ballet), volar como aves descarriadas, brincar como gatitos juguetones y girar como trompos al ritmo de una música ligera que aún no he entendido por qué les gusta en vez de provocarles adormecimiento. Entonces sucede lo peor, o lo mejor, o quién sabe; las mamás son las primeras en darse cuenta que sus  hijas caminan en puntitas por toda la casa y ya piensan que van a ser unas brillantes balerinas, por que es uno de los sueños de toda madre, no de toda mujer, de toda madre, que su hija sea una balerina, tal vez porque se ve como la máxima expresión de femineidad, muy por encima de la experiencia maternal, porque una mujer pujando para sacar de sus entrañas todo un cuerpo rodeado de un lago de sangre y esas gotas de sudor que más bien parecen avalanchas, eso es como máxima expresión de masculino en las mujeres, y digo 'son' porque gracias al cielo y todas sus luceros aún no he llegado a ese lado masculino, cuando llegue seguramente dejaré de hablar de ballet por un rato, sólo por un rato, como para sentirme madre y con nuevo amor.

Retomando, entonces las mamás se dan cuenta que sus hijas muy seguramente no serán lesbianas y las inscriben en una escuela de ballet. Inscrita, a penas inscrita, porque lo siento para los que no sabían y tenían bonitas esperanzas pero, es más fácil ingresar a Harvard o a Cambridge o a Oxford que a The Royal Ballet School en Londres, por citar sólo un ejemplo. Ya inscrita en cualquiera que sea la escuela entonces hacen un recorrido por tu cuerpo y verifican peso, estatura, metro va, metro viene, 'la cabeza muy en alto', Vous parlez français? y  preguntas de lo inimaginado. Que afortunada es la pequeña, la han llamado de la escuela y resulta que seguirá bailando de puntas por toda la casa, sólo que ya no se verá como un pajarito descarriado, ahora tiene que ser como CISNE, entonces todos en la familia se dan cuenta que esto del ballet es muy restringido y que si pareces un colibrí, no sirves.

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